Imagen del Instituto de Neuropsicología y Lenguaje INEL

Hacia la construcción de una “ciencia general” no dogmática

La tarea central que Vygotski asumió a lo largo de su trayectoria intelectual fue la creación de una teoría capaz de contribuir a la superación de la crisis de la psicología y de ofrecer una explicación coherente de lo propiamente humano. El fruto de este proyecto fue el establecimiento de los fundamentos de una “ciencia general” de lo humano, entendida como una exigencia metodológica: sin una clarificación de sus categorías, de su objeto y de sus principios de investigación, la psicología no podía aspirar a una cientificidad efectiva. Desde sus primeros trabajos, Vygotski insistió en la necesidad de hacer de la psicología una ciencia sin que ello implicara renunciar al estudio concreto de lo humano. En El significado histórico de la crisis de la psicología, plantea precisamente que el problema no se resuelve acumulando datos empíricos ciegos, por un lado, ni teorías abstractas sin suelo, por el otro, sino mediante una reconstrucción metodológica que permita organizar y dar inteligibilidad a los fenómenos psicológicos (Vygotski, 2013).

En sus primeras intervenciones públicas, cuando en ciertos sectores se daba por sentado que la conciencia no podía constituir un objeto legítimo de estudio científico, Vygotski asumió una postura radicalmente diferente (Vygotski, 2013). Sostuvo que el obstáculo no radicaba en el carácter “subjetivo” de la conciencia, sino en la forma equivocada de concebir su estatuto ontológico y metodológico. Para clarificar este punto, recurrió a la analogía del reflejo especular: la mesa reflejada en el espejo no es una segunda mesa ni un ente autónomo, pero tampoco es una pura ilusión. El reflejo, en cuanto refracción de los rayos luminosos en el plano del espejo, constituye un fenómeno material tan real como el objeto que lo produce, aunque su realidad no sea del mismo orden. No existen “espectros” como entidades independientes, sino procesos objetivos cuya interacción genera determinadas apariencias. Por ello, no puede haber una ciencia de los espectros considerados en sí mismos, pero sí una ciencia de las condiciones objetivas que los producen y que permiten explicarlos, predecirlos y modificarlos. Del mismo modo, lo subjetivo no es una sustancia autónoma, sino el resultado de la interacción entre series de procesos objetivos; su estudio científico no consiste en tomarlo como cosa, sino en reconstruir las relaciones que lo constituyen.

Esta exigencia metodológica se hace aún más explícita cuando Vygotski afirma que si las manifestaciones externas de los objetos coincidieran plenamente con sus relaciones internas —es decir, si el fenotipo expresara de manera directa el genotipo— la ciencia sería completamente superflua, pues bastaría la observación cotidiana para alcanzar el conocimiento (Vygotski, 2012). Con ello introduce una crítica radical a toda concepción que identifique el conocimiento con la inmediatez perceptiva. No hay forma de ciencia más dogmática que aquella que presupone que la realidad se ofrece transparente a la experiencia sensible. El empirismo clásico, y su desarrollo posterior en el positivismo, descansan precisamente en esa premisa: que el dato observable constituye el fundamento último del saber. Sin embargo, al absolutizar la experiencia inmediata, el empirismo clausura la pregunta por las relaciones internas que hacen posible el fenómeno observado; el positivismo, al reducir la explicación a regularidades constatables, transforma el registro en conocimiento y la correlación en causalidad, ignorando que lo observable es apenas la superficie de procesos estructurales más complejos. Frente a este dogmatismo metodológico, Vygotski insiste en que el análisis científico debe atravesar la apariencia para reconstruir la lógica interna del desarrollo psicológico.

Esta concepción de la ciencia, que distingue entre apariencia y estructura sin disolver la realidad en la experiencia inmediata, guarda una notable afinidad con el realismo crítico propuesto por Roy Bhaskar. En A Realist Theory of Science, Bhaskar (1975) sostiene que la realidad no se agota en el plano empírico —lo que es observado o experimentado—, sino que comprende también un nivel de estructuras y mecanismos que existen y operan independientemente de su manifestación inmediata. El conocimiento científico, desde esta perspectiva, no consiste en registrar regularidades observables, sino en identificar las condiciones generativas que hacen posibles los fenómenos. Esta ontología estratificada —empírico, actual y real— implica una crítica directa tanto al empirismo como al positivismo, en la medida en que estos reducen lo real a lo dado en la experiencia. No es casual que el realismo crítico de Bhaskar se nutra explícitamente del materialismo histórico, del cual toma la idea de que las estructuras sociales son reales, históricamente constituidas y causalmente eficaces. En este punto, la convergencia con Vygotski resulta significativa: ambos rechazan la identificación del conocimiento con la inmediatez perceptiva y sostienen que la tarea de la ciencia consiste en reconstruir las condiciones estructurales que generan los fenómenos. Así como Vygotski niega que pueda haber una ciencia de los “espectros” aislados de los procesos que los producen, Bhaskar niega que la ciencia pueda limitarse a correlaciones observables sin penetrar en la realidad estructural que las fundamenta (Bhaskar, 1975).

Si la ciencia no puede reducirse al registro de correlaciones observables, sino que debe reconstruir las estructuras que las fundamentan, entonces resulta indispensable interrogar los conceptos con los que dichas estructuras son pensadas. Para Vygotski, la madurez de una ciencia se reconoce precisamente cuando es capaz de someter a examen sus propias categorías, es decir, cuando aborda filosóficamente sus conceptos fundamentales (Vygotski, 2013). Una disciplina que no problematiza sus nociones básicas permanece prisionera de supuestos implícitos que orientan su práctica sin ser tematizados. La construcción de una ciencia general, en este sentido, no constituye un añadido externo, sino la condición misma para que la investigación empírica pueda alcanzar un nivel estructural de explicación.

Esta posición encuentra un sólido respaldo en la crítica contemporánea al empirismo. Alan F. Chalmers, en ¿Qué es esa cosa llamada ciencia?, muestra que la ciencia no comienza con hechos “puros”, sino que toda observación está ya mediada por teoría (Chalmers, 1999). Lo que se denomina “dato” depende de marcos conceptuales previos que determinan qué se observa, cómo se describe y qué se considera relevante. La imagen de una ciencia que parte inductivamente de la experiencia sensible hacia generalizaciones progresivas resulta, por tanto, insostenible. En coherencia con lo planteado por Vygotski y, en otro registro, por Bhaskar, los hechos no hablan por sí mismos: requieren ser organizados en un sistema conceptual capaz de hacer visibles las relaciones internas que los constituyen. Así, iluminar los hechos con teoría no es una deformación del dato, sino la condición para que este adquiera inteligibilidad científica.

Ahora bien, afirmar que la realidad no se agota en lo inmediatamente observable y que el conocimiento científico debe reconstruir las estructuras que fundamentan los fenómenos no implica, bajo ninguna circunstancia, postular una “cosa en sí” oculta tras la experiencia. En la tradición que aquí nos ocupa, no se trata de introducir un nivel metafísico constituido por mecanismos sustanciales independientes, sino de sostener que lo real es estructuralmente relacional y que su inteligibilidad depende del conocimiento de esas relaciones. En este punto resulta especialmente pertinente la crítica de Peirce (1868) a la noción kantiana de “cosa en sí”. En su temprana impugnación del intuicionismo y del incognoscible, Peirce sostiene que aquello absolutamente incognoscible carece de sentido para la investigación; y más adelante define lo real como aquello que sería el objeto de la opinión final a la que llegaría una comunidad ilimitada de investigadores (Peirce, 1878). Lo real no es, por tanto, una entidad metafísica escondida tras el fenómeno, sino la estabilidad progresivamente determinable de relaciones en el seno de la práctica investigativa. Desde esta perspectiva, trascender la apariencia no significa penetrar una esencia inaccesible, sino reconstruir sistemáticamente las conexiones que hacen posible el fenómeno.

En coherencia con esta comprensión relacional de lo real —según la cual no se trata de una entidad oculta tras el fenómeno, sino de la determinabilidad progresiva de relaciones en el seno de la investigación—, la Ciencia General que Vygotski propone no puede comprenderse como una empresa orientada a fijar “cosas” o entidades sustanciales, sino como una ciencia de las relaciones. En este punto, su concepción resulta profundamente consistente con la formulación clásica de Henri Poincaré (1905), quien sostuvo que “el objetivo de la ciencia no son las cosas mismas, como imaginan en su simplicidad los dogmáticos, sino las relaciones entre las cosas; fuera de esas relaciones no hay realidad cognoscible” (p. 3). Esta afirmación desplaza el eje del conocimiento científico desde la captación inmediata de objetos hacia la reconstrucción estructural de los vínculos que los constituyen. Lo real no se agota en lo que aparece; por el contrario, lo que aparece es siempre expresión de un entramado relacional que debe ser teóricamente elaborado. La ciencia, desde esta perspectiva, no consiste en acumular datos ni en registrar regularidades visibles, sino en construir categorías que hagan inteligible la red de relaciones internas, históricas y dinámicas que configuran el fenómeno.

La Psicología General no aspira, por tanto, a descubrir una esencia última del psiquismo ni a fijar una sustancia interior que explique lo humano desde sí misma, sino a formular unidades de análisis capaces de captar la estructura relacional del desarrollo en sus múltiples dimensiones genéticas. Lo que se busca no es una “cosa” llamada conciencia, sino las condiciones y articulaciones que hacen posible su emergencia. En términos epistemológicos actuales, esta postura puede leerse como una forma de realismo sistémico: afirma la independencia de lo real respecto del sujeto individual, pero lo concibe como red de relaciones en devenir, accesible únicamente mediante mediación conceptual y dentro de un proceso falible de investigación colectiva (Peirce, 1878; Vygotski, 2012).

Desde esta concepción, el estudio de lo subjetivo deja de inscribirse en la falsa oposición entre lo objetivo y lo subjetivo. La conciencia no es un dominio separado que deba ser defendido frente a la ciencia, ni un residuo que deba ser eliminado en nombre de la objetividad; es un fenómeno real cuya inteligibilidad depende del análisis de las relaciones que lo constituyen. Lo subjetivo no se opone a lo objetivo: emerge de la interacción de procesos objetivos históricamente configurados. Así entendida, la psicología no tiene que elegir entre naturalismo reductivo y fenomenología aislada; su tarea consiste en reconstruir las mediaciones que articulan organismo, cultura, historia y experiencia vivida. Precisamente en esta superación de dicotomías radica la fuerza y la actualidad de la visión científica de Vygotski. Su proyecto no fue el de fundar una doctrina, sino el de elaborar las condiciones metodológicas para una ciencia capaz de comprender lo humano sin reducirlo ni mistificarlo. En este sentido, la propuesta de una Ciencia General no es un gesto programático del pasado, sino la expresión de una exigencia todavía vigente: la construcción de una ciencia no dogmática que, al estudiar las relaciones constitutivas del psiquismo, haga posible una comprensión rigurosa y críticamente fundada de lo humano.


Referencias

  1. Bhaskar, R. (1975). A realist theory of science. Harvester Press.
  2. Chalmers, A. F. (1999). ¿Qué es esa cosa llamada ciencia? Una valoración de la naturaleza y el estatuto de la ciencia y sus métodos (ed. revisada). Siglo XXI.
  3. Peirce, C. S. (1868). Questions concerning certain faculties claimed for man. Journal of Speculative Philosophy, 2, 103–114.
  4. Peirce, C. S. (1878). How to make our ideas clear. Popular Science Monthly, 12, 286–302.
  5. Poincaré, H. (1905). La ciencia y la hipótesis. Espasa-Calpe. (Trabajo original publicado en 1902 como Science et hypothèse).
  6. Vygotski, L. S. (2012). Obras escogidas III. Machado Grupo de Distribución.
  7. Vygotski, L. S. (2013). Obras escogidas I. Machado Grupo de Distribución.

Artículos relacionados

Respuestas

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *